Prácticamente nadie es ajeno al hecho de que el interés por los vehículos de cierta edad con sus múltiples variantes está creciendo, de un tiempo a esta parte, en todos los estratos sociales hasta el punto que esta tomando tintes de fenómeno social.
Hace algunas décadas, el interés por automoción y sus adláteres era patrimonio casi exclusivo de ciertos y escasos grupos sociales con un gran poder adquisitivo y, quizás, bastante tiempo libre, circunstancias que les permitía atesorar, por gusto coleccionista, deportivo o cualquier otro motivo, verdaderas joyas del mundo del motor. Solo hay que recordar las fabulosas colecciones por todos conocidas: Pueche, Gómez Planche, Torre loizaga, Hervás, Claret, etc.
Esas colecciones no solo se ciñen al automóvil, sino que se extienden a todo tipo de artefactos e ingenios mecánicos capaces de moverse por sus propios medios: motocicletas, aeroplanos, lanchas, vehículos industriales, agrícolas, etc.

Pero no todo gira en torno a los grandes, lujosos y exclusivos vehículos, sino que cada vez abundan mas las personas “de a pie” que añoran el automóvil de su infancia: aquel que utilizaron sus mayores y que ahora es ignorado o despreciado, siendo considerado poco menos que un viejo electrodoméstico obsoleto digno de entregar al chatarrero.
¿Cuántas personas con edad para conducir intentan localizar, ahora, aquel coche que su padre, su madre o cualquier otro familiar utilizaba en los desplazamientos habituales? La respuesta es muy clara: mucha, muchísima gente desea saber algo de ése vehículo en el que pasó muchas horas de su infancia a veces con la clara intención, si las circunstancias son propicias, de volver a adquirirlo
Este hecho se esta convirtiendo en un acontecimiento sin precedentes en una España en la que todo aquello que tiene mas de cinco años, por así decir, se desprecia, arrincona o se tira directamente a la basura.

La expansión y uso general de Internet ha contribuido sobremanera a popularizar este fenómeno facilitando el contacto entre multitud de personas que, anteriormente, se veían como “bichos raros” por su afán de conservar y mantener en perfectas condiciones aquellos trastos viejos que formaron parte de su niñez.
Es por todo esto que emprendemos la tarea de organizar una feria donde lo que prevalezca sea la sencillez sin detrimento de la belleza. Que por una vez los vehículos de gama básica y media sobresalgan por encima de las asombrosas motorizaciones entre impresionantes carrocerías y lujosos acabados a que nos tienen acostumbrados los grandes salones del automóvil clásico.
Creemos que ha llegado el momento de dar a nuestros queridos vehículos populares el protagonismo que se han ganado a pulso circulando durante años en durísimas condiciones por nuestras carreteras haciendo las delicias de mayores y pequeños.
¿Nostalgia?, si, y no hay nada malo en ello sino todo lo contrario, ya que en los tiempos que vivimos de "usar y tirar" es bonito y entrañable por medio, en este caso, de vehículos que formaron parte de nuestra infancia o juventud, recordar a familiares, amigos y demás personas queridas que en muchos casos ya no están entre nosotros, pero que aun permanecen dentro de nuestros corazones y cuya presencia se hace mas tangible gracias a esos trastos viejos que, como muchos queremos creer, guardan algo del alma de quienes los disfrutaron. Y no debemos olvidar que la conservación de estos vehículos nutre generosamente nuestro Patrimonio Cultural
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